Acné
El acné es un trastorno de la piel, que se caracteriza por la manifestación de poros obstruidos, pueden ser puntos negros o blancos; pústulas, es decir pequeñas protuberancias inflamadas y nódulos, que son granos más profundos. El acné afecta principalmnete el rostro, pero también puede aparecer en cuello, pecho, espalda, hombros, parte superior de brazos, espalda, glúteos, y en casos muy severos en piernas y zona genital.
Es más frecuente durante la adolescencia, entre los 12 y los 18 años de edad, sin embargo, también puede presentarse en adultos entre los 20 y los 40 años de edad, o más.
En la mayoría de los casos, el acné desaparece después de algunos años, aún sin tratamiento. Pero en otros casos, se puede convertir en un problema estético que involucra la autoestima, dada su severidad.
Cuando el acné no se trata adecuadamente, puede desfigurar el rostro de un paciente y dejar cicatrices permanentes, que afortunadamente pueden ser tratadas por un dermatólogo.
Básicamente, existen 3 tipos de acné:
• Acné leve: incluye puntos blancos o comedones cerrados (poros obstruidos cerrados) y puntos negros o comedones abiertos (poros obstruidos que se abren en la superficie de
la piel).
• El acné inflamatorio moderado o grave incluye puntos blancos y puntos negros más pápulas (áreas enrojecidas sobreelevadas) y áreas de pústulas (pequeñas elevaciones de la piel que contienen pus).
• Acné nodular: los nódulos son lesiones sólidas que infiltran la parte profunda de la dermis y con frecuencia son dolorosas. Pueden desarrollar una infección adicional y, sin
tratamiento, dejan cicatriz.
Sin embargo, independientemente del tipo de acné que se padezca, existen algunos factores que tienden a empeorar el cuadro como:
• Cambios hormonales asociados a la pubertad, la menstruación o la menopausia.
• Manipular, apretar o tratar de abrir las lesiones del acné.
• Fricción, roce o presión (al llevar ropa muy ajustada, ropa deportiva o frotar enérgicamente la piel).
• Algunos medicamentos (glucocorticoides, esteroides androgénicos y litio).
El acné no tiene relación con la suciedad o con el consumo de determinados alimentos como el chocolate.
Signos y Síntomas
A la forma más común de acné se le conoce como acne vulgaris, que se presenta como una serie de secreciones excesivas de glándulas sebáceas que, combinadas con células muertas de la piel, bloquean el folículo piloso. En ocasiones, también aparece un defecto en el proceso de queratinización de la piel, que conlleva al derrame anormal de los poros de la piel.
Bajo el poro taponado se producen secreciones de grasa que proveen un entorno perfecto para la bacteria epidérmica Propionibacterium acnes, que produce una infección en el poro que excretará pus, provocando que el acné se multiplique descontroladamente. En respuesta, la piel se inflama produciendo la lesión visible. La cara, el pecho, la espalda, los hombros y los brazos se ven especialmente afectados.
Además de las cicatrices visibles, el acné suele aparecer durante la adolescencia, justo cuando los adolescentes tienden a ser socialmente más inseguros. El acné puede llegar a ser muy molesto con dolores en los poros de la piel y también suele convertirse en un trauma por cuestiones de estética.
Causas
Se desconocen las causas exactas que dan orígen al acné, sin embargo, se ha observado que existen un componente hereditario.
Algunos otros factores también están relacionados:
- Actividad hormonal, como los ciclos menstruales en la pubertad.
- Estrés, impulsado por las descargas de las glándulas suprarrenales.
- Glándulas sebáceas hiperactivas, secundariamente a las hormonas citadas arriba.
- Acumulación de células muertas de la piel.
- Bacterias en los poros, a las cuales el cuerpo se vuelve alérgico.
- El uso de anabólicos.
- Rascarse o mantener contacto con las zonas dañadas por el acné, propicia su propagación.
- Consumir medicamentos con halógenos, litio, barbitúricos o andrógenos.
- Exposición prolongada a compuestos de cloro.
- En particular, los dióxidos de cloro, pueden causar acné duradero conocido como cloracné.
- Últimamente se ha agregado como factor predisponente al estrechamiento del canal folicular, y su ineficiencia para desechar la grasa acumulada en la piel.
Diagnóstico
El diagnóstico del acné se lleva a cabo a partir de las manifestaciones clínicas. El especialista, tomará en cuenta la edad del paciente, las lesiones características y su localización. De esta manera podrá establecer el tipo de acné y su gravedad.
Complicaciones
La complicación más temida, son las cicatrices, que suelen aparecer como secuela del acné.
Por lo regular, las cicatrices son difíciles de tratar y no es usual que consigan quitarse por completo con éxito. En esos casos puede recurrir al conocido como tratamiento de cicatrices.
Tratamiento
El tratamiento depende de la severidad de cada caso, y de otros factores, como del estado actual del paciente.
La higiene cotidiana no es un tratamiento para el acné, debe ser tomada en cuenta para todas las personas, independientemente del su tipo de piel. El objetivo del tratamiento está enfocado a reducir al mínimo la inflamación y prevenir la formación de cicatrices.
Es importante que la persona afectada mantenga una higiene escrupulosa de la cara (u otras áreas con acné), pero es preciso que evite frotarse con demasiada energía las zonas
afectadas. Para una eliminación más eficaz del exceso de sebo cutáneo, bacterias y células cutáneas muertas, se recomienda utilizar leches limpiadoras o jabones no abrasivos y agua tibia.
No deben usarse cosméticos que contengan aceites, u otros irritantes porque pueden agravar el acné.
Los tratamientos tópicos (aplicados en la piel) adquiridos sin receta incluyen preparados con ácido salicílico, resorcinol, peróxido de benzoilo o ácido láctico. Los medicamentos
adquiridos con receta para tratar el acné pueden incluir preparados tópicos más potentes, antibióticos, preparados que contienen isotretinoína (para las formas más graves) y
anticonceptivos orales para mujeres.
Sin embargo, únicamnete el dermatólogo, puede indicar el tratamiento a seguir.

























