Para muchos adolescentes someterse a una vacuna, por ejemplo contra la influenza o el tétanos, es una medida de prevención poco importante, y que unicamente ocasiona incomodidades.
Sin embargo las vacunas constituyen uno de los grandes avances en la historia de la medicina moderna, pues gracias a ellas no sufrimos un gran número de enfermedades que en el pasado generaron epidemias y con ello miles de muertes.
Un ejemplo es la viruela, hoy erradicada de todo el mundo pero que por muchos siglos fue sinónimo de terror lo mismo para los antiguos egipcios y chinos, que para los europeos de la Edad Media, quienes enfrentaban miles de muertes en cada brote de esta enfermedad altamente contagiosa. Se estima que tan sólo en el siglo XVIII esta enfermedad ocasionó en Europa medio millón de muertos, además de que fue causa fundamental para la Conquista de México, pues causó verdaderos estragos entre los aztecas quienes sucumbieron con mayor facilidad ante los españoles.
Igualmente preocupante era el sarampión que atacaba principalmente a los infantes o la tuberculosis, la llamada “gran muerte blanca” que fue tan letal que en algún momento provocó la causa de la cuarta parte de las muertes que ocurrían en Europa, o incluso la poliomielitis, que aún ocasiona parálisis en las piernas de los menores no vacunados y hasta la muerte.
Un relevante logro médico que debemos aprovechar. Por ello es recomendable que los padres llevan a sus hijos al especialista a fin de que cuente con todas las vacunas necesarias para evitar estas y otras enfermedades y de la misma forma, cuando el médico lo considere los adolescentes y adultos deben recibir esta protección contra diversos padecimientos. .
