Una caída puede incapacitarlo, siga estás normas de autocuidado.
De acuerdo con la Secretaría de salud, las caídas representan la primera causa de incapacidad en las personas de la tercera edad. 6 de cada 10 adultos mayores sufren una caída cada año.
Una caída se puede definir como la consecuencia de cualquier acontecimiento que precipita al individuo al suelo, contra su voluntad.
La mayoría de las caídas ocurren en el hogar, en un porcentaje apróximado del 60%, y ocurren generalmente hacia delante, siendo la mano el primer punto de impacto.
En función del riesgo de caerse, diferenciamos dos tipos de afectados:
1) personas con bajo riesgo: aquellos totalmente inmóviles, y todos los que conservan una buena movilidad y estabilidad.
2) personas con alto riesgo: aquellos con movilidad, pero cierto grado de inestabilidad. Con discapacidad mental y funcional asociada, así como pluripatología y polifarmacia.
Las alteraciones en el control postural y los trastornos de la marcha son una importante causa de discapacidad. Una caída puede provocar: temor a nuevas caídas, dependencia de otros e inicio de la inválidez.
Las caídas son la principal causa de consulta en los servicios de urgencia traumatológica en los hospitales terciarios. También son consideradas como uno de los indicadores más importantes en geriatría a la hora de establecer criterios de anciano frágil, y es uno de los síndromes geriátricos más importantes.
El manejo de un paciente con alto riesgo de sufrir una caída debe estar enfocado en solucionar y prevenir aquellas circunstancias que puedan provocar una caída. Para ello, se deben identificar los factores de riesgo:
1) Valoración del estado actual de salud de la persona de la tercera edad: es decir, identificación de posibles defectos en la visión, audición, y marcha. al tratar estos problemas de salud, se reducen las posibilidades de una lesión por caída.
2) Revisar la ingesta de medicamentos que pueden reducir el acto-reflejo en el paciente geriátrico para prevenir una caída.
3) Detectar oportunamente las Barreras Arquitectónicas en el domicilio, que pueden producir un accidente, como: escalones muy altos, pisos resbalosos, alfombras, es decir, modificar el entorno.
En caso de ser necesario, y con la aprobación del terapista físico o bien del geriatra, habrá que recurrir al empleo de bastones y andadores para evitar de este modo la caída. Tampoco hay que olvidar que este síndrome geriátrico acarrea un alto número de trastornos psiquiátricos, y que a veces es necesario la administración de medicación antidepresiva.
Realizar ejercicio periódicamente. El ejercicio físico se asocia a una mejora de la capacidad cardiaca, al mantenimiento de la fuerza muscular y a la reducción de las pérdidas de hueso que tienden a ocurrir progresivamente con la edad. Los programas deben incluir ejercicios dirigidos a tres áreas: fuerza, equilibrio y resistencia.
Consumir una dieta equilibrada y evitar hábitos tóxicos.
Otras recomendaciones de utilidad, son:
-No levantarse bruscamente.
-Evaluar periódicamente los medicamentos usados, retirando aquellos que puedan influir en la precipitación de caídas o cambiándolos por otros menos perjudiciales.
-Tratar las enfermedades crónicas o agudas intercurrentes, que puedan estar contribuyendo a la caída.
-Combatir el miedo a caer, informar a los familiares y cuidadores sobre el uso de telealarma.
-Modificación del calzado.
-Uso apropiado de dispositivos auxiliares para la deambulación.
-Enseñar al paciente geriátrico a levantarse.
-Rehabilitar la estabilidad del anciano.
-Reeducar la marcha.
-Rehabilitar los trastornos del equilibrio.
-Realización de ejercicios para mejorar el equilibrio y la marcha.
Para un paciente geriátrico, es indispensable la movilidad, afortunadamente, la mayoría de las caídas se pueden prevenir.
