Uno de los riesgos que se corren al realizar algún tipo de ejercicio, es el de sufrir la fractura de un hueso.
Es decir, cuando se rompe un hueso por una caída, un golpe o un movimiento realizado con descuido.
Y aunque pudiera parecernos que todas las fracturas son iguales, para los especialistas existen diferentes tipos que requieren de tratamientos especiales para cada uno.
Fractura cerrada.
Es la más común y que conlleva menor peligro, pues la piel permanece intacta. Sin embargo si el tratamiento es inadecuado puede complicarse, e incluso convertirse en abierta.
Fractura abierta.
Se presenta cuando el hueso roto perfora la piel y queda expuesto, lo que genera riesgos de infección. Por ello es importante no tocar la herida con las manos sucias y evitar cualquier contacto con el suelo o con algún objeto a fin de evitar la presencia de bacterias. Asimismo debe seguirse el tratamiento adecuado para el tratamiento de la fractura.
Fractura Complicada.
Es cuando un fragmento del hueso fracturado daña vasos sanguíneos, nervios o algún órgano como pulmón o médula espinal, por lo que se requiere de tratamiento de urgencia para evitar mayores daños.
