Niños Berrinchudos: ¡un problema de fácil solución!

BerrincheLos berrinches, son comportamientos alterados e indeseables, se trata de arrebatos emocionales exhibidos en respuesta a deseos o necesidades insatisfechas

También se pueden referir a la incapacidad para controlar las emociones debido a la frustración o a la dificultad para expresar una necesidad o deseo particular.

Las rabietas o "berrinches" son comportamientos naturales durante el desarrollo de la primera infancia. Los niños tienen una tendencia normal y natural a afirmar su independencia a medida que aprenden que son seres aparte de sus padres.

Este deseo de control a menudo se manifiesta diciendo "no" frecuentemente y teniendo rabietas que se combinan con el hecho de que el niño puede no tener el vocabulario para expresar adecuadamente sus sentimientos.

Las rabietas generalmente comienzan entre los 12 a 18 meses de edad, y suelen empeorar entre los 2 y 3 años, para disminuir de manera natural a los 5 años (después de esta edad no se deben volver a presentar).

El hecho de estar cansado, hambriento o enfermo puede hacer que las rabietas empeoren o se vuelvan más frecuentes.

Los padres deben asegurarse de que el niño coma y duerma en las horas acostumbradas. Si el niño ya no hace la siesta, aún es importante tener algún tiempo de reposo. El hecho de acostarse durante 15 a 20 minutos o descansar al lado de sus padres mientras leen cuentos juntos en momentos regulares del día puede ayudar a prevenir las rabietas.

Cuando el niño tiene una rabieta fuerte, es importante que los padres no pierdan la calma. Siempre, se debe tomar en cuenta que los berrinches son comportamientos normales y que no son culpa de los padres, ni tampoco las personas se pueden considerar malos padres o los niños malos niños por este hecho.
El hecho de gritar o golpear al niño sólo empeora la situación. Una respuesta y ambiente calmadas y pacíficas, sin "ceder" o romper con las reglas establecidas, reducirá el estrés y hará que ambos se sientan mejor.

No se debe olvidar que los niños imitan el comportamiento. También se puede intentar distraer la atención del niño hacia actividades que le gusten o tratar de poner una cara graciosa. Si los padres no están en la casa durante la rabieta, se recomienda llevar al niño a un lugar tranquilo como el carro o un baño, manteniéndolo a salvo hasta que la rabieta haya terminado.

Otros métodos para tratar de prevenir las rabietas pueden ser:

Utilizar un tono animado al solicitarle al niño que haga algo, haciendo que suene como una invitación, NO una orden. Por ejemplo, "si te colocas el mitón y el gorro, podrás salir a jugar con tus amigos".
Hacer valer las reglas. En otras palabras, no pelear con relación a cosas sin importancia como qué zapatos debe usar el niño o si se deba sentar en la silla alta o en el asiento auxiliar. La seguridad es lo que realmente importa, como no tocar una estufa caliente, mantener abrochada la silla del carro, no jugar en la calle, etc.

Ofrecer alternativas cuando sea posible. Por ejemplo, se puede permitir que el niño decida qué ropas usar, los cuentos que desea leer, etc. Si el niño se siente independiente en muchas áreas, es más probable que acate las reglas cuando son obligatorias. NO se deben ofrecer alternativas que no existan realmente.

Usted debe consultar a un psiquiatra especialista en niños, en los siguientes casos:
- Las rabietas empeoran en lugar de mejorar después de los 5 años.
- El niño se lesiona a sí mismo o a otros o destruye pertenencias durante las rabietas.
- El niño contiene la respiración durante las rabietas, en especial si se desmaya.
- El niño también tiene pesadillas, involución en el entrenamiento para el uso del baño, dolores de cabeza, dolores estomacales, se niega a comer o ir a la cama, presenta ansiedad o tiene un apego excesivo hacia sus padres.

Así que no se desespere, no es admisible que los padres pierdan el control manifestando sentimientos de enojo. Si usted se molesta, el niño lo percibe y continuará haciendo rabietas.

Mantenga en todo momento la calma, y no ceda ante los caprichos del menor, a menos que el niño se tranquilice también.